Comienza la campaña de Fomento de la Lectura entre los lectores más jóvenes para comprender mejor sus inquietudes e intentar satisfacerlas en un futuro.
25/04/2011 : IES Grupo Cántico.
2º ESO B - Profesor: Marco Alfonso.
La clase comenzó tras el sonido del timbre. El profesor Marco Alfonso me presentó y comencé a hablarles a los jóvenes que se ven aquí bajo estas líneas. Todos, sentados, atentos, con sus bonitas sonrisas, aguardaban a ver qué decía. En un principio, tan tímidos como yo, pero luego, la confianza se cernió sobre nosotros y fue un momento memorable y ameno. No les quise narrar el "rollo fabricado" que todos sabemos sobre lo importante que es leer, simplemente reiteré un poco sobre su importantcia, ya que da creatividad, salud y aporta mucho en la vida. Ellos quizás aprendieron algo de mí. Tal vez conocieron algunos de los muchos autores contemporáneos Españoles como: Eduardo Mendoza, Fernando Molero, Enrique Ballesteros, Ramón Cerdá o Ildefonso Falcones. Pero lo que yo aprendí de ellos no se puede compensar. Son soñadores, emprendedores y muy imaginativos. Se presentaron a un concurso algunos de ellos y próximamente pondré aquí sus relatos.
En definitiva, ellos son:
Una mangífica clase llena de encantadores y emprendedores jóvenes.
(María del Pino Pozo)

Relatos IES Grupo Cántico:
-Primer premio:
Cristina Gutierrez con su relato: ¿Un simple y cualquier reloj? 
Hola, soy Alice. Vivo en Bangor, una pequeña ciudad de Gales. Esta historia que contaré a continuación es un tanto difícil, tanto de entender como de escribir.
Bueno, hace unos años, cuando yo era una niña, siempre estaba con mi abuela Jane. Justo antes de fallecer mi abuela, me regaló un colgante. Si lo abres, podrás observar que la parte derecha contiene un reloj muy antiguo y la parte izquierda una foto de mi abuela y yo. Pero la foto está como cortada Sólo se podía ver una mitad de Jane y yo. En el caparazón del colgante se encontraban diferentes dibujos extraños. Este era de bronce. Lo único que recuerdo que me dijo, debido a que sólo tenía cinco años, fue que lo guardara, y como siempre, lo llevo en mi cuello. También recuerdo que su colgante lo construyó su padre y se lo regaló. Luego, ella a mí y a...
Un día de vacaciones de verano, yo paseaba por la serena orilla de la playa. La gélida agua recorría mis pies y éstos dejaban sus huellas en la tersa arena. A mi lado pasó una chica más o menos de mi edad, pero algo la caracterizaba: llevaba el mismo colgante que yo. "¿Extraño, verdad?", me quedé paralizada. Al cabo de los segundos reaccioné. Quizás fuese una muy parecido, pero tenía que comprobar que si era idéntico al mío. Me volví hacia atrás, cuando de casualidad, se le cayó la chaqueta que llevaba colgada en el bolso.
-Perdona, se te ha caído la chaqueta.
-Muchas gracias.
-Que colgante más curioso.
-Vaya, pero... ¿cómo es posible que tengas el mismo?
-¿Me dejas verlo? -intenté abrir el reloj, la mano me temblaba.
En la parte izquiera de encontraba una foto. Era la mitad de mi abuela Jane, y al lado, ella de pequeña. Vamos, que esa era la mirad de mi foto. Curioso.
-Es la misma foto que la mía, pero sólo la mitad.
-¿Quién es tu abuela?
-Mi aburla se llamaba Jane.
-¡No puede ser! La mía también... Este colgante me lo dio antes de fallecer.
-¿Y qué hay de tus padres?
-No están aquí.
-Los míos tampoco...
Tras unos silenciosos segundos, deidimos quedar al día siguiente. Yo le prometí que en el momento que llegase a mi casa, miraría un album de fotos que tengo de cuando era pequeña. Ese día había sido muy esperado para mí, ya que conocer algo más de mi pasado era uno de mis deseos. Mi abuela desde muy pequeña se había hecho cargo de mí, pero... "¿Por qué?". No lo sabía.
Al día siguiente, a las diez en punto, nos encontramos las dos y nos sentamos en la arena. Cogí mi bolso y saqué el grueso album de fotos.
-Bueno, yo soy Alice, ¿y tú?
-Carol.
-Carol, toma. Aquí hay muchas fotos de mi infancia, pero casi siempre sale una niña conmigo.
Paulativamente, Carol echó un vistazo. Ella parecía una chica bastante reservada. Luego me dijo que ésa era ella, ¡qué la de las fotos era ella!
-¿Y recuerdas algo más? No sé, por ejemplo: ¿recuerdas a tus padres?
-Sinceramente... Siempre he vivido con mi abuela y... supongo que contigo -me sonrió.
-Entonces, cabe la posibilidad de que seamos...
-Sí.
Tras una breve conversación, decidimos asegurarnos. Al cabo de unas semanas nos dieron las pruebas del análisis. Ella era de la misma edad que yo.
Nos sentamos en las sillas del hospital y con mucho cuidado abrimos el sobre.
¡Sí, sí, sí! ¡Éramos hermanas! Pero no sólo eso, sino que ¡éramos gemelas! Jajaja. Parece demasiado raro.
La verdadera historia fue así:
Cuando mi hermana y yo nacimos, mis padres se tuvieron que marchar y mi abuela se quedó con nosotras. Cuando ellos venían de vuelta a Bangor, tuvieron un accidente. Cuando la abuela Jane murió, yo me fui a una residencia hasta que cumplí los 18, mientras que Carol, se fue con una familia de acogida. Dos vidas separadas durante muchos años, pero unidas por... "¿casualidad?". Ahora estamos juntas y disfrutando de todo de lo que no hemos podido durante tanto tiempo. Nos unimos gracias al colgante tan especial. ¡Ojalá Jane estuviera viendo lo que ha pasado! Sería muy feliz...
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-Lucía Salmerón con su relato: MICRORELATO. 
Cuando desperté, me encontraba tumbada en una cama con unas sábanas húmedas y frías. En un extremo de éstas ponía: centro sanitario Las Ánimas. Así que no tardé demasiado en averiguar que me encontraba en un hospital. La sala estaba débilmente alumbrada con unas cortinas descoloridas por el paso de los años. Varios tubos estaban conectados a mis muñecas. Intenté recordar débilmente lo que había pasado, pero algo me lo impedía. No me acordaba de quién era ni de lo que había ocurrido. La cabeza me daba vueltas mientras intentaba encajar las piezas de este extraño puzzle. Intentaba mover la mano en la que estaban enganchados los tubos, pero mi esfuerzo fue en vano. La tenía engarrotada y llena de rozaduras que me quemaban la piel. De repente, una chica con cabellos oscuros se posó ante la puerta, con la mirada firme pero insegura. Le sonreí con la mejor de mis caras mientras ésta me saludaba con sus pequeñas manos. En la muñeca llevaba una pulsera que ponía: ''Amanda y Katy''. Le dije que entrara pero ella se limitó a mirarme desde lejos. Al rato, una voz ronca y madura la llamó. Ésta me volvió a dejar sola en la triste habitación del hospital. Las horas siguientes pasaron lentas y solitarias mientras yo me dedicaba a seguir rítmicamente el sonido que desprendía la máquina donde estaban engachados los tubos. De repente, un recuerdo me vino a la mente:
Una chica con largas trenzas y mirada vivaracha corría alegremente por la acera con una pelota roja en las manos, cuando de repente, ésta se le escapa y se va lejos, a la carretera. Asegurándose de que no pasaba ningún coche, se dirige sonriente en busca de la pelota. Al otro lado de la calle, un coche se dirigía a toda velocidad dentro iban una embarazada junto su marido y a su hija, la misma que antes había visto en el hospital. El coche inevitablemente chocó contra la niña de las trenzas, llevándosela por delante. La niña salió despavorida del automóvil y gritó:
-
¡Es Katy! ¡Papá, has atropellado a Katy!
El recuerdo se desvaneció poco a poco de mi cabeza, dejándome todavía más absorta de lo que estaba antes. Intenté liberarme de los cables para salir e intenté pedir ayuda para que alguien viniese a explicarme algo como porqué estaba allí metida, pero, al no venir nadie me di por vencida y me recosté en la fría cama del hospital. Me toqué el pelo ya que el flequillo se me había trasladado hacia delante. Pude palpar con la mano que no tenía inmóvil un recogido similar al de una trenza, y al otro lado, otra. De repente, muchos pensamientos me invadieron la mente: ''¿Y si era yo la chica risueña de las trenzas?''. No, no podía ser. En ese mismo instante, una mujer embarazada, un hombre y la niña de antes entraron mientras mantenían una acalorada conversación sobre un accidente. Parecían aturdidos y cabizbajos hasta que me vieron con los ojos abiertos. Todos empezaron a reír y hacerme preguntas que yo no entendía. La mujer me preguntó:
-
Hija mía, ¿cómo te encuentras? Te hemos echado tanto de menos...
De repente, de mi boca salieron esas palabras dolorosas que nadie quiere que ningún familiar o amigo las mencione:
-
¿Quiénes sois? -acabé de decir al fin, mientras los presentes, lloraban desconsoladamente-. No os conozco de nada, ¿Quién soy yo?
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-Sandra Gutierrez con su relato: “Abuela Mercedes”
Era una tarde soleada y estaba aburrida en mi casa, asique mis padres y yo decidimos ir a casa de mi abuela Mercedes, para matar el tiempo y hacerle un poco de compañía a mis abuelos. Mi abuela tiene alzheimer. Yo le ayudo en lo que puedo, voy a comprar el pan, la ayudo a hacer la cama, le limpio los platos…
Un día estábamos juntas sentadas en el sofá, viendo la televisión y se me pasa por la cabeza, como era la vida cuando la abuela era adolescente, como yo. Le dije:
-Abuela, ¿cómo era la vida cuando tú eras mozuela?
-Pues mira Sandra, cuando yo era joven, trabajaba para mi madre, la vida era dura, muy dura, las calles estaban desiertas, cuando la noche caía, veíamos las estrellas en el cielo azul oscuro. Cuando la mañana acechaba veíamos los amaneceres. Después de comer, criábamos animales, tras ello, sembrábamos la tierra, teníamos tiempo para leer, y aunque pareciese mentira para jugar o andar con los amigos. Aunque pareciese mentira, mi vida no era tan bonita como se cuenta… Todo comienza cuando un día me levanto por la mañana y me doy cuenta de que mis padres no estaban, pregunté a uno de mis hermanos, y me dijeron que madre estaba en el hospital, con mucha fiebre… Yo estaba asustada, por si pudiese ser algo grave o alguna enfermedad sin cura… Recé durante toda la noche, pero cuando padre llegó a casa con una cara larga, nos comunicó una trágica noticia…madre, había muerto.
Tan mala fue la noticia que padre, cayó derrumbado. Y se metió en la cama para descansar porque se encontraba mal… Desde aquel momento, yo, era la única niña de la familia. Yo era la encargada de hacer el desayuno, el almuerzo, la cena, yo era la que planchaba, la que fregaba, mientras que mis hermanos se quedaban fuera jugando o yendo al colegio. Una de mis pasiones era ser médica, por ello me hubiese gustado seguir estudiando y poder alcanzar mi sueño. Pero mi vida no podría ir peor hasta que llegó el momento de que mi padre cayó…
(Mercedes comienza a llorar)
-Abuela, no te merecías eso… Piensa en todo lo bueno que has vivido, las cosas que hemos vivido juntas abuela.
-Sí niña…pero es imposible…
-Abuela no llores, eso es ley de vida, no te preocupes por eso.
-Verdad cariño. Muchas gracias.
-No hay que darlas, abuela. ¿Podrías seguir contándome cómo era tu vida ejerciendo de ama de casa?
-Sí… Entonces quedamos todos mis hermanos y yo huérfanos. Pero mi tío estaba soltero y quiso hacerse cargo nuestro. Desde entonces empezamos a ser felices ya que mi tío era dueño de una empresa que marchaba muy bien tenía dinero suficiente para pagar a una mujer para que se hiciera cargo de las tareas del hogar y así poder vivir lo que me quedaba de infancia con un poco más de libertad.
-Que bien, entonces serías muy feliz, ¿no?
-Si la verdad es que mi tío era muy bueno pero, tenía un defecto.
-¿Cuál?
-Era alcohólico, y por eso muchas noches nos quedábamos solos esperando a que llegase a casa porque pasaba toda la noche en el bar.
-¿Y al final que pasó?
-Pues que al vernos crecer se dio cuenta de que tenía una gran responsabilidad y que no podía fallarnos por eso salió de la bebida y consiguió una buena esposa que nos recibió con los brazos abiertos y a partir de ahí si que volvimos a ser felices de verdad.
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-Jose Antonio Ble con su relato: “LOS VERDES”
Recibí una llamada de imprevisto. Eran las 11:45 y estaba en el recreo cuando mi móvil sonó. Era un número raro, no parecía como los otros. Contesté y pregunté varias veces quién me llamaba. Cuando ya estaba a punto de colgar, una voz angustiada pronunció mi nombre:
-Pepe, soy Garet.
No sabía el porqué de su llamada y dije sin reparo:
-Me alegro de volver a hablar contigo, Garet.
-Pepe, ojalá mi llamada fuera para hablar contigo sobre cómo nos va y eso, pero lamento decir que esta llamada es de mucha importancia.
No sé porqué, pero se me vinieron a la cabeza aquellas imágenes de mi viaje a USA en enero. Aquéllas donde me explicó cosas sobre “los verdes”: una raza extraterrestre que quiere acabar con la vida humana. Me supliqué a mi mismo que eso no fuera un presentimiento y que sólo me hubiera acordado al escuchar su voz.
-Garet, ¿cuál es el problema?
-Pepe, no hay tiempo para explicártelo por teléfono. Voy hacia allí.
-¿Cómo que vienes? ¡Vives en USA!
Me colgó. Debía ser algo relacionado con “los verdes!.
El sonido del timbre rebotó en mis oídos, había llegado el final del recreo. No paraba de preguntarme qué sería, qué haría que Garet viniera desde tan lejos. Aunque todo me llevaba a ese pasado mes de enero.
Ya llevábamos 20minutos haciendo las actividades de lengua que nos habían mandado cuando el conserje del instituto entró en clase:
-Pepe, un chico llamado Garet te busca, dice que es urgente.
No lo dudé. Me levanté de la silla, pedí permiso al profesor y me dirigí hacia la puerta de la entrada. Ahí estaba Garet. Le di la mano y nos sonreímos mutuamente. Después, la cosa cambió.
-Pepe, ojalá mi visita fuera simplemente para verte, pero no es así. Supongo que te acordarás de cuando te hice ir a USA para explicarte cosas de “los verdes”, ¿no?
Mi cara era un auténtico poema.
-Claro que me acuerdo de todo, Garet.
-Pues bien, nada es lo que parecía. Ni los verdes miden 2m., ni faltan 2meses para que lleguen. Ayer pasó algo que va a cambiar la vida tal y como la conocemos. “Los verdes” fabricaron un dispositivo que es capaz de controlar las mentes humanas. Todas menos la tuya y la mía. Ya lo utilizaron durante apenas dos minutos y todos quedaron como si fueran máquinas, neutralizados.
Me quedé asombrado y dije:
-¿Cómo es que no me he dado cuenta?
-Aquí, eran las 5 de la mañana. En cambio, en USA era de día. Tú no pudiste ver nada porque estabas durmiendo. Sin embargo yo sí. Parecía como si hubieran parado el tiempo.
Cada vez me ponía más nervioso.
-Pepem utilizaron esto para colocar su “cuartel general” en la parte oculta de la Luna. A las 15:00 aterrizaran en California.
-Garet,¡no puede ser! Me dijiste que la nave medía 5km por 10 de largo. ¡La harán añicos!
-Así es, Pepe. Nos quedaremos aquí, les explicarás a tus compañerps ño que va a pasar y nos esconderemos en el sótano del instituto.
-¡Está bien, vamos a clase! Intentaré explicárselo a mis compañeros, y sobre todo, al profesor.
¡Todo era de locos! ¡Extraterrestres de más de 2m.! iban a aterrizar en la Tierra para exterminarnos en... ¡apenas 2h! Entré en clase y expliqué lo que había pasado e iba a ocurrir. Todos, incluido el profesor, estaban asombrados. Aceptaron esconderse en el sótano mientras que Garet y yo pensábamos en un plan.
Una hora más tarde, ya estaba todo planeado. Quedaba apenas 1h para que la nave gigante aterrizara en California, destrozándola. Su objetivo éramos Garet y yo. Si nos entregábamos, se irían, ya que en su planeta, según me contó Garet, nos consideraban enemigos.
Ya teníamos el plan previsto y estaba todo preparado para ejecutar.
-Chicos, éste es el plan: Garet y yo somos grandes luchadores, por lo que esperaremos a que aterricen en California aunque la destrocen y maten a personas. Es la única posibilidad. Luego, Garet y yo los esperaremos aquí en el patio. Si conseguimos matar el Rey Verde, los demás se marcharán, ya que para ellos es como su DIOS. El problema es que para que él venga, debemos liarle una buena a los soldados que vengan al patio. Una vez hecho el plan así, y el rey haya muerto, creerán que sus espíritus han muerto con él, por lo que se marcharán de nuevo.
-¡Ojala salga! -dijo Pepe-. Sino, el mundo, tal y como lo conocemos ahora, desaparecerá.
Habían llegado los verdes y se reían de forma cruel y malvada. Rápidamente nos atacaron. Me dieron un duro golpe en el estómago y salí despedido contra la pared. Miré por la rendija del sótano y fue tal y como Garet dijo. Estaban todos neutralizados. Volví a mirar hacia la batalla y observé como Garet luchaba contra dos. Me levanté y golpeé a uno en la cabeza. Echó un líquido amarillo, sería su sangre. Creí que estaba muerto, por lo que me di media vuelta para ver a Garet. Pero éste me agarró y me tumbó con él. Conseguí una gran piedra y le golpeé la cabeza. Quedó inconsciente. Garet también lo logró.
Habíamos derrotado a esos 3soldados “verdes”. Para asegurarnos de que estaban bien muertos, les disparamos a cada uno un disparo en la cabeza. Sólo nos quedaba una bala. La debíamos utilizar bien. Garet y yo nos escondimos detrás de un cubo de basura. Entonces, apareció otra nave mucho más grande, De ella bajaron 5soldados y uno bastante más grande, el Rey.
Se lanzaron hacia nosotros. El Rey tenía la vista fijada en Garet y en mí. Eran demasiados. Dos soldados me golpearon varias veces en la cabeza y en el estómago, por lo que caí al suelo enladrillado. Intenté levantarme con la ayuda de mis brazos, pero no pude. Volví a caer. El Rey se acercó a Garet con pasos lentos, con mirada de asco y ganas de verlo acabado. Sacó un objeto luminoso. Una especie de vara de color morado. Sabía que era el momento de sacar el revolver e incrustarle la última bala en su maldita cabeza. No podía fallar. El destino de la Tierra estaba en mis manos. Apunté. No tenía tiempo. Apreté el gatillo y “¡¡PLAFF!!”. Cayó redondo. Garet se levantó rápidamente y vino hacia mí. ¡Lo habíamos conseguido!
Un soldado le quitó una especie de collar luminoso al rey muerto. Vino hacia mí y me lo soltó en mis sucias y ensangrentadas manos. Me miró y me dijo que volvería a reconstruir California. Ahora me consideraban un DIOS por haber matado a su Rey. Creían que yo era el nuevo Dios.
Un rato después todos volvieron a la normalidad. Nadie sabía qué había pasado realmente. Lo único que sabían es que había pasado 1h en apenas 1segundo.
Astrónomos y muchas más personas estudiaron esto y no pudieron llegar a ninguna conclusión. No sabían qué había pasado en esa hora.
Los únicos que teníamos la verdad éramos: Garet, mi clase de 2ªB y yo.
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-Cristina Muñoz con su relato: “Camino de la Estación”
En realidad, odio los domingos por la tarde. Todo son prisas, despedidas, hacer la maleta y carreras para poder llegar bien al tren de las seis y no quedarme de pié todo el trayecto hasta Sevilla.
Pero ese domingo, puedo asegurar que era diferente. A pesar de la lluvia, del frío y del examen del día siguiente, algo en mi subconsciente me lo decía. Y no tardó en llegar el momento. Un chico de tez negra, ojos tan verdes y bonitos que ni siquiera el mismo cielo podría superarlo nunca, y un pelo tan rubio, que parecían los mismísimos rayos del sol, estaba en la cola de los tickets. Era realmente guapo. Me miró de tal forma que no pude evitar ruborizarme y agachar la cabeza.
Esperaba en el andén nueve de la estación, apoyada en mis maletas. Pero el cansancio se me fue cuando vi entrar a el mismo chico de la cola. ¡En el mismo tren! ¡Va a Sevilla! Las manos me temblaban. Intenté disimular mis nervios en vano. Mi respiración se entrecortaba. ¿Pero qué me pasa?, me decía una y otra vez.
Empecé a leer una revista que mi amiga Cristina me había dejado para distraerme durante el viaje. Yo, sentada en un asiento no muy cómodo, lo miraba cada cinco segundos. Sé que me importaba de una manera tonta, pero no podía evitarlo.
El chico, cuyo nombre sabría poco después, se giró, me miró y me sonrió. Increíble. Cuando se reía le dalían unos graciosos hoyuelos en las mejillas. Me empezaron a sudar las manos y para relajarme, conté hasta diez. Cuando me atreví a levantar la mirada, pasó algo que que nunca imaginé que podría ocurrir: se dirigía hacia mí muy seguro de sí mismo, utilizando su hermosa sonrisa y sus maravillosos hoyuelos para que cayera en sus brazos. Creo que lo consiguió.
A tan solo unos centímetros de mí, con la mirada más dulce que jamás he conocido, se quedó igual de tenso que yo.
Es posible, que a partir de ese día, dejara de odiar los domingos ni los caminos a la estación.
-Otro PRIMER PREMIO:
-Sergio Rodríguez con su relato: “Un sueño de ida y vuelta”
Hace mucho tiempo, vivió en Tetuán, en el norte de África, una familia de agricultores formada por Mohamed, el padre: Rania, la madre; y Samira, la hija. Durante varios años vivieron castigados por los fenómenos atmosféricos y por las plagas de insectos que dificultaban el desarrollo del cultivo.
Empujados por la vida tan dificultosa y dura que llevaban debido a que no conseguían tanta cosecha como para venderla en el mercado, decidieron emigrar a otro país. Para ello fueron al puerto y allí, con un poco de suerte y tras pagar a un marinero, consiguieron subirse a un barco de mercancías con destino a las costas del sur de España. El viaje, que duró varios días, fue muy duro para Mohamed, Rania y Samira. Cuando llegaron a la costa intentaron huir de la policía, pero Samira, la hija, fue capturada y tras varios días, deportada a su país. Los padres intentaron sobrellevar esta pérdida, pero la tristeza y la desesperación eran muy grandes.
Mientras tanto, la hija llegó a Tetuán y les pidió a algunos familiares que la dejaran vivir con ellos, pero no la aceptaron como huésped, hasta que un día, se fue a vivir con un tío suyo, que la recibió con en su casa mientras encontraban solución al problema. Los padres intentaron ponerse en contacto con todos los familiares que estuvieran en Tetuán, pero todos los esfuerzos cayeron en saco roto porque algunos familiares no sabían dónde podría encontrarse, y otros familiares no se atrevieron a decir que no le permitieron hospedarse en sus casas.
Días después recibieron la llamada de Said, el hermano de Mohamed, que era la persona con la que estaba Samira. En esa llamada telefónica, Samira les dijo a sus padres que no podía vivir sin ellos, y estas palabras los conmovieron, tanto que decidieron volver a Tetuán para volver a su antigua vida, ya que ellos tampoco podian vivir sin ella. Así que, en cuanto pudieron se entregaron a la policía para ser deportados y volver a estar con Samira. Tras varios días de trámites, el estado español les delvovió a su país, y una vez allí, continuaron sus antiguas vidas dónde las dejaron, porque preferían vivir con dificultades y unidos a vivir cómodamente estando separados.
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Libros que se comenta, se enseña, se recomienda y se llevan en la campaña:
El Heladero de Brooklyn / Fernando Molero
ANCESTRA / Enrique Ballesteros
Más de un Mañana / María del Pino
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